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11.11.2010

Preguntas al cubículo (Parte 2)


Aparece verde en escena. Misma postura, después de encender las luces de repente.
Verde: Mmmm, mi sueño... No recuerdo haber tenido ningún sueño cuando era pequeño. Es un poco triste, pero no.
Verde: Quizás...¡sí! Ya me acuerdo. Una vez, vimos a un músico que se puso a tocar en medio de la calle. Yo adoraba aquel sonido. Pero se metieron conmigo, porque ¿cómo voy a tocar yo un instrumento? Las ideas de cuando era pequeño eran siempre descabelladas.
Se vuelve a apagar la luz. Misma postura y sale roja, como siempre, vestida de rojo.
Roja: Una pregunta sencilla. Siempre quise ser pintora de paredes. Me parecía que las casas eran muy aburridas, y yo quería pintarlas de miles de colores. 
Hace una pequeña pausa

Roja: Pero, no me habría salido rentable el negocio. Así que me dediqué a otra cosa. También recuerdo que quise ser profesora. Pero eso ya es más típico. Todas las niñas de mi clase querían ser, o profesoras o modelos de pasarela. Yo sólo elegí lo que más razonable me pareció.

5.26.2010

El viejo diario de la señora Amstrong

Melanie subió las viejas escaleras carcomidas. La casa abandonada desde hace años sería el refugio perfecto. ¿A quien se le ocurriría buscarla allí? 
Dejó su mochila en el recibidor y corriendo subió al segundo piso. Tras la ventana, ya se podía contemplar el amanecer, y dos enamorados paseaban por la calle sin advertir que ella pudiera estar espiándoles. Subió otro piso más, para llegar al desván. 
El polvo cubría toda la superficie. Tras la claraboya se colaban los últimos rojizos rayos del sol, que cubrían toda la estancia de cálida pero efímera luz. Se percató de que todo había sido cubierto con una gran sábana blanca, y la recogió. En seguida descubrió una radio, un sillón, un baúl y unas cuantas estanterías llenas de libros hasta los topes. Todo tenía un aspecto bastante anticuado y decolorado. Sin más dilación, nuestra protagonista se tumbó en el sofá y contempló la estancia más detenidamente.
El baúl estaba abierto. Guiada por su infinita curiosidad, comenzó a rebuscar entre las libretas de cocina y viejas revistas. Finalmente encontró un cuaderno de tapas color lavanda, cuidadosamente guardado en el fondo. Como si alguien quisiera que aquello fuera lo último que encontrar en toda la casa.


5.15.2009

-Primer capítulo: ¿Que decides?

Unas uñas golpearon involuntariamente el cristal de mi ventana, despertándome. Y dos opciones pasaron por mi mente; Salir corriendo o quedarme inmóvil.
No me moví puesto que se me heló la sangre. Clavé mis ojos en mi ventana. Una sombra se proyectaba en las cortinas color amarillo canario. Un cuerpo mecánico se apoyó sobre mi cristal. Aquella proyección me resultó familiar, pero no sabía porqué. De pronto, y sin darme cuenta, me quedé profundamente dormida.
A la mañana siguiente todo fue muy lento. Como era lunes tuve que salir del orfanato y caminar hasta la escuela. Por suerte me acompañó mi mejor amigo, Julio.
Cuando volví al orfanato me dijeron que tenía visita de mi padre. En ese instante pensé:
¿¡De mi padre!?
Cuando entré en mi habitación allí estaba, el de mis fotos, el que me habían descrito mil y una veces…
Y quería hablar conmigo.
Me di cuenta de que su cara reflejaba la expresión de estar llorando sin lágrimas, que hasta el momento era totalmente desconocida para mí.
Me senté enfrente a él y le dije:
-Hola.
Ho… hola –me saludó.
-¿Papá? –pregunté, atónita.
Asintió.
Esta vez fui yo la que tenía expresión de echarse a llorar, pero a mí si que me cayeron lágrimas.
-Carla… esto… ya se que me esperabas... que esperabas que yo hubiese…-dijo indeciso- …fa…falle…fallecido.
-Sí.
-Un error. Un grave error –continuó, tras una corta pausa.- por eso, he venido, a ver, si, tal vez, quizás…
-¿Sí?
-Querrías venir conmigo a casa. Ya se que llevas quince años viviendo, pensando que, bueno, lo que tuvieras que pensar. Y comprenderé cualquier decisión que tomes.
Iba a abrir la boca para objetar, pero…
-Pero antes debes saber quien soy.
-¿¡Cómo que quien eres!?¡Ya lo sé! ¡Eres mi padre!
-Ven, te lo explicaré -y fuimos a pasear por las afueras.- Aquel horroroso día en el que tu madre sí que acabó… pues eso, acabó, íbamos los dos en el coche. Estaba  herido de gravedad y… me tuvieron que hacer… un transplante.
-Del que, en teoría, no habías salido.
-Cosa que no es correcta. Al menos no del todo, no puedo llorar, no puedo mojarme, no puedo…
-¡¿Que no puedes mojarte?¡ ¡¿Pero que estupidez es esa?! –interrumpí
-Carla.
-Perdón. Me disculpé mientras jugaba, con un gesto nervioso, con un mechón de mi pelo.
-Bueno, pues, aparte de ello, no como la misma comida que tú, no duermo y soy extremadamente ágil, si me te diera un pequeño codazo, te rompería varios huesos.
-¿Bromeas? No me chupo el dedo, eres una persona. ¿Intentas impresionarme o simplemente asustarme? ¡No soy una niña de educación infantil!
Entonces, para demostrarme que lo que contaba era cierto, cogió una roca, de unos… ¿ treinta kilogramos?, y la giró con un dedo, como si fuera una pelota de baloncesto.
-Madre mía.
-Ajá. No pienses que esto me gusta. Es como si fuera… un robot, excepto mi cerebro y las emociones principales.
Me asusté, no salí corriendo de milagro, porque algo me impulsaba a quedarme, quizás, un impulso emocional.
-Tú decides, quedarte o venir.

aTTo: IcI!